
Amelio apareció un día, hace dos años en las puertas del parque, abandonado por un dueño que el día que lo adquirió lo hizo con ilusión y con las mismas lo metió en una caja para que se hiciera cargo otro.
Acostumbrado a estar con un humano, se pega a los barrotes para que le acaricien y estira la mano para tocar a todo el que pase.
Ahora le buscamos casa para que pueda disfrutar del tiempo en compañía de sus iguales, como nos gustaría a todos, incluída la persona que se deshizo de él con tanta alegría!!